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sábado, 13 de enero de 2018

¿Existe una pedagogía de la naturaleza?

Tal vez pensamos que la educación en la naturaleza es una activiad marginal, relegada a unos cuantos grupos de familias y maestros que salimos al monte con los niños y que somos vistos como unos excéntricos por los demás. Nada más lejos de la realidad. En la reciente conferencia internacional de escuelas en la naturaleza que se celebró en Praga, un cálculo grosso modo arroja una cifra de más de 3.000 centros de este tipo en Europa, la mayoría de ellos homologados por sus respectivos gobiernos. Otro mito que puede existir es la idea de que para ser una iniciativa pedagógica en la naturaleza basta con salir ahí fuera. De nuevo, la realidad es mucho más compleja. Mientras que se coincide en el lugar principal de permanencia (exterior), se difiere mucho en el cómo se está. En unos casos, los niños reciben instrucción curricular, en otros, se practica el juego espontáneo con ciertos límites y en otros, prima la autorregulación de los niños. Existen centros con enfoque Steiner; otros Montessori, Pestalozzi, etc. Si hay una orientación “exterior” en cuanto a la manera de acompañar los procesos de aprendizaje y desarrollo de los niños, ¿existe entonces una “pedagogía de la naturaleza” específica?


Cuando miramos allende nuestras fronteras, vemos que existe un importante corpus de reflexión  sobre la educación al aire libre, y recibe nombres tan sugerentes como pedagogía del bosque, de la naturaleza, de la vida al aire libre, etc. Al contrario que con otros, como los arriba mencionados, no parece haber ideólogos cuya obra haya sido seminal para los que trabajamos en la naturaleza. Por supuesto que hay eminentes filósofos y pedagogos que han escrito e influido sobre el aprendizaje en la naturaleza (no nos ovidemos, por ejemplo, de Giner, de sus contemporáneos del movimiento higienista o -yendo más atrás- de los trascendentalistas de finales del XIX). Pero en la práctica actual, la pedagogía de la naturaleza parece ser más bien fruto de un esfuerzo colectivo, horizontal y transversal, que surge de un crecimiento orgánico y conjunto del pensamiento y la experiencia. Al final, el trabajo pedagógico que se realiza en estos centros es coherente con su propia esencia: el aprendizaje basado en la experiencia no solo es válido para los niños que están allí a diario, sino también para sus acompañantes, sus educadores e incluso sus ideólogos. Percibo en los proyectos que visito una relación íntima con el espacio en el que se encuentra, que va más allá de un simple emplazamiento más o menos agradable, de manera que se establece un proceso de acomplamiento conceptual, filosófico, amén de físico, al mismo. Es el espacio, es decir, la naturaleza real, tangible y local, la que determina cómo vamos a estar en ella. Es ella la que nos enseña cómo enseñar, en la que aprendemos tanto niños como adultos, y, si tenenos el espíritu abierto, dejaremos que sea la que hable a nuestra razón y a nuestro corazón. La que, en fin, nos señale el camino a seguir. Es nuestra responsabilidad ordenar esas enseñanzas fruto de la experiencia y del genius loci, y transformarlas en un marco de referencia para el acompañamiento del desarrollo y el aprendizaje de los niños.

No creo tener, pues, una respuesta definitiva a la pregunta que encabeza este post. Pero sí pienso que hay una pedagogía en la naturaleza, abierta y generosa, dinámica y adaptativa, que da cabida a otros enfoques y acoge muchas miradas. Que es compatible con ortodoxias ya establecidas, pero también con la heterodoxia del sentido común. Son en realidad muchas micropedagogías, crecidas en el sustrato local y con una fuerte carga cultural que viene dada por la ética ambiental prevalente en cada lugar. Con el hilo conductor común del amor y el respeto a la naturaleza, hay una humildad, tolerancia y apertura de miras y un arraigo común a los orígenes, sean cuales sean, que son las que hacen que este movimiento de la educación en la naturaleza sea tan enriquecedor. Creo por ello poder decir que lo que prima en todos es un profundo agradecimiento por poder recuperar así el vínculo con nuestra esencia, la naturaleza: viviendo, aprendiendo y compartiendo.

Katia Hueso

miércoles, 17 de mayo de 2017

SALTAMONTES INFANTIL CURSO 2017-2018


Queridas familias,

Ya hemos abierto el plazo de inscripciones para Saltamontes Curso 2017-2018.

Si estéis interesados poneros en contacto con nosotros en el correo: grupojuegosaltamontes@gmail.com y os enviaremos la documentación para hacer la inscripción.

La información podéis verla en Saltamontes Infantil 2017-2018.




sábado, 29 de octubre de 2016

Como una fuerza de la naturaleza

Fue una bella jornada enmarcada por los bosques gallegos. Un nuevo encuentro de la Asociación EdNa (Educación en la Naturaleza) consigue reunir a medio centenar de personas en el acogedor albergue de Revolta Natural en Cospeito (Lugo). Desde este blog hemos defendido siempre la necesidad de trabajar juntos en pro de la educación en la naturaleza en nuestro país y estos encuentros -ya vamos por el tercero- demuestran no sólo que -en efecto- es importante, sino que además es posible. Con sumo cuidado por los detalles y la estética, las organizadoras lograron que nos sintiéramos en casa y estuviéramos plenos de inspiración para trabajar. Somos conscientes de que éste es un movimiento incipiente, con una enorme pujanza de nuevos proyectos, pero que sufre de un gran desconocimiento e incluso desconfianza desde el mundo de la educación convencional. Para EdNa es prioritario romper prejuicios y abrirse a la sociedad. Por ello, uno de los objetivos de este encuentro fue diseñar los criterios de calidad que deben tener los proyectos de educación en la naturaleza, tanto los clásicos (escuelas infantiles o incluso escuelas de primaria) como otros afines (grupos de crianza, madres de día, extraescolares, centros de educación ambiental…).  Los criterios de calidad permitirán que todos los proyectos podamos mejorar nuestros servicios y aspirar a una excelencia compartida; a los usuarios, a distinguir los proyectos de calidad, al tiempo que se respeta su diversidad; y a la sociedad en general, conocer y entender mejor los beneficios de la educación en la naturaleza. Criterios de calidad que además servirán de guía para proyectos emergentes que deseen trabajar con el rigor y la seriedad que este movimiento merece. Porque la educación en la naturaleza no es una moda pedagógica más. Apela a nuestra esencia, la naturaleza, un valor universal y eterno, que permanece más allá de coyunturas y tendencias. Ha venido, pues, para quedarse. Con calidad. Con fuerza. 


jueves, 2 de julio de 2015

Un canto al juego

Recientemente asistí a la proyección del webdoc Imagine Elephants, en el que se plantean reflexiones adultas sobre el juego infantil. Amén del impresionante trabajo de recogida y presentación de la información, sus autores han sabido elegir muy bien a sus fuentes. En el webdoc tenemos cabida proyectos, expertos, investigadores, empresas, asesores… que de una u otra manera estamos relacionados con el juego y la infancia. Algunos de ellos, de muy reconocido prestigio. Como decía, aquella tarde se habló de juego. Y de la gran paradoja que supone el reconocimiento universal del juego como una de las necesidades básicas de la infancia (no en vano aparece en la Convención Internacional de los Derechos del Niño) y cómo en Occidente cercenamos sistemáticamente ese derecho. La agenda de nuestros hijos es una huida hacia delante de las carencias que se nos incita a creer que tenemos. Les llenamos su tiempo de actividades formativas en aras de su futuro y de actos sociales en entornos controlados y consensuados entre adultos. En la sociedad tan competitiva e hiperregulada que estamos creando, el juego infantil representa todos nuestros miedos. El juego es algo que parte de la emoción, no de la razón, y por tanto es difícil de acotar. Fluye como el agua, se cuela por cualquier hueco, brota por doquier, en todo momento y lugar. Es ágil, fresco, espontáneo. Se mueve y cambia de dirección como un insecto en plena vorágine polinizadora. Pero es también algo muy serio. Mi maestro y escritor Santiago López-Navia ya lo dice en uno de sus Cuentos de barrio y estío: “Todo su tiempo, todas sus energías se concentraban en la tarea inaplazable de ser niño”. Es también un acto profundo, que saca a la luz lo que hay dentro de nosotros y nos hace por ello vulnerables. El juego busca cruzar la línea, la leve transgresión que poco a poco nos hace crecer como personas. Mediante el juego exorcizamos miedos, resolvemos problemas, entendemos el mundo; expresamos con él nuestros más íntimos sentimientos y damos a conocer nuestras grandezas y debilidades. Ejercido con libertad, descubrimos nuestros anhelos, nuestros deseos, nuestras fantasías; sabemos quienes somos y quienes queremos ser, forjando así nuestra identidad. El juego nos hace seres sociales y, como dice mi compatriota y autor de la obra seminal Homo ludens, Johan Huizinga, constituye un precursor de la civilización. No dejemos entonces que sea esa misma civilización la que elimine el juego de nuestras vidas. De las de nuestros hijos y las nuestras propias, como adultos generalmente alúdicos que somos. Porque al final, en palabras del filósofo Martin Buber, el juego es “la exaltación de lo posible”. Seamos, pues, posibilistas, y ¡a jugar!

Katia Hueso

PS Agradezco a Amphibia Kids la oportunidad de participar como ponente en la última presentación de la gira de Imagine Elephants, que tuvo lugar en Avilés el pasado 30 de junio 


lunes, 23 de febrero de 2015

Cada vez somos más


No cabe duda de que el movimiento de los proyectos educativos ”alternativos” no sólo está creciendo sino diríase que efervesciendo. La segunda etapa de educación infantil, para la cual no es obligatoria la homologación, goza de una saludable variedad de iniciativas que empiezan a invadir todos los rincones de nuestro país. Aún en franca minoría con respecto a la educación convencional, claro está, pero suficientemente diversa y cada vez más accesible, al menos desde el punto de vista geográfico. Pero son muchos los retos que tienen que superar estos proyectos para lograr la aceptación del conjunto de la sociedad y, por tanto, la homologación. Tanto es así, que la mayoría de ellos incluso rechazan de plano intentarlo, pues pasar por ese trámite supondría, en la mayoría de los casos, perder la esencia misma del proyecto. La lucha es más bien la contraria: lograr que la sociedad y, por tanto, el sistema, acepte la diversidad pedagógica y que por tanto se puedan homologar cosmovisiones diferentes a la predominante y relativamente uniforme que hay en la actualidad.

Los proyectos educativos que trabajamos al aire libre tenemos el reto añadido de superar reticencias, firmemente arraigadas en nuestro acervo cultural, a la permanencia en la intemperie, que se asocia antes a una pobreza de recursos que a un enriquecimiento pedagógico. Afortunadamente, son cada vez más los proyectos y las familias que creen en el poder educativo de la naturaleza y apuestan por un modelo basado en el contacto profundo y permanente con ella. Ahora, nuestro reto más importante es demostrar a la sociedad el beneficio real que aporta la permanencia en la naturaleza a la educación, el desarrollo, la salud y el bienestar de nuestros niños. Ya son muchas las instituciones educativas que nos invitan a presentar nuestra experiencia y a formar a futuros maestros en educación al aire libre. Algunas universidades atienden a las pedagogías alternativas, incluida ésta, en sus estudios de postgrado. Van surgiendo redes, encuentros, jornadas sobre estos temas…

Pero queda mucho camino por recorrer. Si queremos ser reconocidos por la sociedad en su conjunto, sobre por todo aquellas instituciones más escépticas, tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos. Ofrecer la máxima calidad educativa, el mejor trato a las familias, un amor incondicional por los niños. Si no somos capaces ello, de hacer las cosas con rigor y seriedad, por muy al margen que parezca que estamos, no podemos pretender que a su vez nos tomen en serio. Y por respeto a nuestros colegas de vocación, flaco favor les haremos si no nos tomamos en serio a nosotros mismos. Rememos juntos, y llegaremos antes y mejor a nuestro destino.



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Picnic de convivencia entre familias saltamontesas

El pasado mes de julio nos unimos cuatro familias al completo (17 personas) para pasar un agradable día de campo junto al embalse de Navalmedio, cerca de Navacerrada, con el fin de ir conociéndonos mejor y que los niños fueran acostumbrándose a jugar juntos sin nuestra mediación. Mientras los mayores y los bebés pasábamos el rato en las suaves praderas a la sombra de las encinas, los niños se bañaban en el río, jugaban con una pelota, trepaban a las rocas y, en fin, daban rienda suelta a sus deseos en tan amable entorno. Ese día fue sin duda esencial para la construcción de la identidad saltamontesa y Navalmedio se quedará siempre como una referencia obligada en la historia de nuestro pequeño grupo.

Educar en verde, de Heike Freire, un libro imprescindible

Desde antes de que el Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes siquiera existiera, sus fundadoras buscábamos con ahínco literatura que diera apoyo a algo que ya intuíamos: que los niños que crecen en la naturaleza tienen un desarrollo más pleno y armonioso. Prácticamente todo lo que encontrábamos estaba en inglés o en otras lenguas. Ya conocíamos las escuelas al aire libre de Escandinavia, Reino Unido y los países germánicos y por tanto también había referencias de esos lugares. ¿Y en castellano? Poca cosa, así que nos iba a resultar difícil transmitir nuestro mensaje si no publicábamos nosotros mismos algún material. Y cuál fue nuestra sorpresa al llegar a nuestras manos el oportunísimo libro “Educar en verde” de Heike Freire. Ella ha recogido a la perfección gran parte de esa literatura y transmite de manera sencilla, a la par que rigurosa, los beneficios de educar a los niños en estrecho contacto con la naturaleza. Se trata sin duda de una obra de referencia en el ámbito hispanoparlante para todas aquellas personas interesadas en criar a los niños en un modelo educativo menos artificial y artificioso, que hoy en día prevalece en aras de una seguridad y una comodidad mal entendidas. Todo aquel que desee profundizar en aquello que nos mueve, les recomendamos la lectura de este libro, publicado por Graó.