domingo, 3 de junio de 2012

Excursión al Puerto de Navacerrada en el tren de vía estrecha

                   


      Una excursión ideal con niños debería incluir siempre un viaje en tren, pues es un medio de transporte que les fascina. Así que la subida al Puerto de Navacerrada desde Cercedilla con el funicular de vía estrecha nos tuvo a todos emocionados: por ver a los niños disfrutar y –reconozcámoslo– por nuestras propias expectativas y nuestras sensaciones de antaño.
      Con la compañía de algunos jubilados andarines, nos sentamos en el vagón y abrimos la ventana para ver, oír y oler el campo, en esta incipiente primavera soleada.

       Pasado Camorritos, empieza a dominar el pinar, aunque los claros de vez en cuando nos regalen la vista de las cumbres nevadas y los prados en obsceno esplendor. El sonido y el movimiento tan arquetípico del tren y sus silbidos roncos y melancólicos crean un ambiente muy “de excursión”, así que al llegar al puerto, saltamos al andén con ganas de monte y de nieve. De eso último sólo quedaban los restos de los montones apartados por la quitanieves.

       En el bosque ya corre el agua del deshielo y es lo primero que descubren. Apasionante meter los pies en ella, alguno de ellos lo hace incluso descalzo.
La altitud les debe afectar algo, porque han sentido rápidamente hambre y una vez localizado un claro soleado entre los helechos y los pinos, nos aplicamos a la sana tarea de almorzar. Como siempre, se comparte todo lo que traemos y surgen las clásicas negociaciones para intercambiar viandas. Pasamos un buen rato en esa tesitura, hasta que deciden continuar explorando.

       Encuentran un tronco grande que hacen rodar por las praderas cual troncomóvil. En sus subidas y bajadas, se dedican a recopilar ramas de pino pulidas por las inclemencias, algunas de ellas también taladradas de túneles de insectos que viven bajo la corteza, creando bellos patrones serpenteantes, muy diferentes pues a las de encina que acostumbran a ver. También recogen restos de corteza, para hacer collage cuando surja.
       El tiempo pasa volando y  saltando ramas, piedras y arroyos cantarines, regresamos a la estación para el trayecto de regreso. Esta vez nos aguarda una sorpresa, porque los niños son invitados a la cabina del maquinista.
       La verdad es que no sabría decir quién disfrutó más de la experiencia, si ellos o algunos de los que les acompañábamos. Bueno, al niño que tocó el silbato le tuvo que gustar…

       Y así, con el recuerdo de un día alegre y sereno, volvemos cada uno a nuestra casa….

miércoles, 2 de mayo de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

Presentación del GJN Saltamontes en Vitoria


El Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes fue presentado el pasado mes de febrero en dos foros alternativos de Vitoria, con una afluencia más que notable de público. Se nota la experiencia de los vascos en el movimiento asociativo, pues surgió un debate de gran nivel que fue muy útil para profundizar en nuestro propio conocimiento de las razones que nos mueven y en todo el trabajo que nos queda aún por hacer.
Aprovechamos para visitar una escuelita del modelo Pestalozzi, cuyas coordinadoras están haciendo un gran esfuerzo y a las cuales les deseamos toda la suerte del mundo.

Excursión al Parque de Bomberos de La Barranca




Día emocionante en Saltamontes, 9 de febrero, nuestro amigo Carlos nos ha enseñado el lugar donde trabaja: el Parque de Bomberos de La Barranca. Niños y mayores hemos contemplado, expectantes, la cantidad de cosas interesantes que había por allí: los distintos tipos de camiones y todos los cachivaches que llevan, el traje de los bomberos y la forma de ponérselo a toda velocidad, que tiene su gracia, los cascos, las mangueras... ¡nos ha enseñado hasta el helicóptero!. Como broche final, unos cuantos brincos y carreras en el gimnasio de los bomberos... ¿qué más se puede pedir?.
En fin, una mañana redonda. Gracias Carlos.

Pequeño recital de flauta travesera




El pasado 24 de enero recibimos la visita de Lucía, nuestra vecina de enfrente, melómana consumada que nos ofreció un pequeño recital de flauta travesera. La luz oblicua y dorada de la mañana, el sol que lograba abrirse paso por el follaje y el aire quieto y tranquilo, contribuyeron a que el melancólico sonido del instrumento nos transportara a más de uno a geografías personales y espaciales más profundas y lejanas.