miércoles, 24 de enero de 2018

¿Se puede homologar la naturaleza?

En un reciente artículo de nuestros amigos de Estonoesunaescuela, se cuenta la historia de un inspector que obligaba a una escuela a utilizar troncos “homologados” en el patio para que los niños no se lastimaran. A raíz de ello, nos surge la eterna cuestión de la homologación de las escuelas en la naturaleza. La homologación es el santo grial de muchas de los proyectos, en nuestra opinión, mal llamados “alternativos”, por la connotación marginal que ese término conlleva. Desean tener ese reconocimiento oficial que les permita operar (en caso de que trabajen con niños en edad de escolarización obligatoria), abrir mercados (muchas familias entienden la homologación como un sello de calidad), tener más visibilidad (aparecer en listados y bases de datos) y tener acceso a ayudas y subvenciones. Desde Saltamontes compartimos algunas de estas razones y respetamos los criterios que marca la ley. Estemos de acuerdo o no con ella, es la ley. Pero por suerte o por desgracia, no nos es posible cumplir con los objetivos que ésta marca y, por tanto, no nos podemos homologar, salvo que cambie la normativa (o su interpretación). No nos es posible cumplir con ella por la sencilla razón de que la naturaleza no es homologable. Todo nuestro curriculum está basado en el contacto íntimo con ella, tal cual es, y quedaría completamente desvirtuado si la adaptamos a los niveles de seguridad, de confort o de predictabilidad que algunos burócratas buscan. Esto no quiere decir que en escuelas como Saltamontes seamos temerarios o negligentes. El contacto con la naturaleza al natural,  sí, pero bajo un acompañamiento profesional, prepara a chicos y mayores a tener flexibilidad, resiliencia, empatía, autonomía, autoconocimiento… en fin, una serie de valores y capacidades -de nuevo, mal llamadas- “blandas”, que tanto se empiezan a apreciar en el mercado laboral. Amén, por cierto, de cumplir punto por punto los objetivos que marca la ley para la etapa de infantil (pero eso sería objeto de otro post). Pensamos que tal vez sea el momento de plantearse un nuevo modelo educativo, que se base en la evidencia y no tanto en homologaciones rígidas y sobre el papel. Mal que les pese a algunos, por suerte -y no por desgracia-, no se puede registrar, patentar o estandarizar la naturaleza.


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