lunes, 6 de mayo de 2019

Saltamontes de verano

¡Aún quedan plazas libres para Saltamontes de verano (primera y segunda quincena de julio)! Apúntate a vivir la naturaleza en verano, en un ambiente respetuoso, sereno y afectuoso, para niños de 3 a 8 años. Tenemos grupos reducidos, con una ratio máxima de 1:6. Consulta horarios y condiciones en grupojuegosaltamontes@gmail.com 


lunes, 29 de abril de 2019

Las escuelas en la naturaleza en los medios

El otro día hablaba con alguien del sector editorial sobre una posible traducción de los libros que hemos escrito desde Saltamontes y concluimos que si había un mercado en el que no tendrían cabida era el escandinavo. Allí no hay que explicarles la importancia de estar en contacto con la naturaleza. Es un tema, en fin, del que no se habla, porque no hace falta. Al sur de Jutlandia la cosa cambia. Necesitamos exponer vivamente lo que nos aporta la naturaleza. En los últimos tiempos aparecen en las redes muchas referencias a los beneficios de permanecer en ella: darse baños de bosque, jugar al aire libre, reverdecer los patios, practicar el bushcraft, etc. Está más que demostrado que la naturaleza es beneficiosa para la salud física y mental, para el bienestar y para un adecuado desarrollo de los niños, entre otras muchas cosas. Y en estas contribuciones se citan trabajos científicos que lo refrendan, se ofrecen recetas y recomendaciones, se insta a salir al medio natural con memes inspiradores, ocurrentes infografías, etc. Las empresas especializadas nos venden ropa, equipamiento, paisajes y experiencias. Hay quien incluso cifra en horas al día el tiempo de estancia mínimo para que todo ello tenga sentido. Del mismo modo, salen libros, artículos, entrevistas, videos, documentales… una abundancia de recursos cuya lectura o visionado, paradójicamente, nos roban el tiempo para hacer lo que nos piden: salir ahí fuera. Recuerdo con especial asombro un video de una escuela en la naturaleza en los EEUU, que fue visto por ¡1,9 millones de internautas! Que aparezcan nuestras escuelas en la prensa generalista es sin duda un paso importante para su difusión. ¿A quién no le halaga que salga su proyecto, su nombre o sus ideas en tantos sitios? Pero cabe preguntarse si todo esto es lo que deseamos que suceda. En el fondo, el mejor signo de normalización, de aceptación por parte de la sociedad, sería que no se nos viera en la prensa o en internet. Tras esta explosión mediática, sin duda imprescindible y muy de agradecer hacia quienes la hacen posible, deberíamos aspirar con el tiempo a “desaparecer”. Queda aún mucho por recorrer, para estar en igualdad de condiciones con el resto de las escuelas. Debemos hacer entender que no somos “competencia desleal”, porque las escuelas en la naturaleza serias, nos autoimponemos requisitos que van mucho más allá de lo que pide la normativa, pagamos impuestos como cualquier otra iniciativa de emprendimiento (educativa o de la índole que sea), ofrecemos a nuestros trabajadores condiciones iguales o mejores que en las escuelas reconocidas y, sin embargo, no recibimos ningún tipo de apoyo institucional ni administrativo. El día que todo esto se entienda, que se conozca el rigor y la seriedad con la que trabajamos, será el día en que podamos desaparecer del radar. Pero no por ir por debajo de él, sino por ser ya “parte del paisaje”. Mientras tanto, ahí debemos seguir, exponiendo nuestra realidad ¡ante luz y taquígrafos! Y con todo nuestro agradecimiento a los medios y a sus lectores, por la atención prestada. 


viernes, 8 de marzo de 2019

Mujer de naturaleza valiente

En un día tan simbólico como hoy, queremos homenajear a una mujer admirable: artista, exploradora, científica, pionera en muchos sentidos. Su mérito no estuvo sólo en todo lo que hizo, sino en haberlo conseguido siendo una mujer nacida en el siglo XVII y, para más inri, divorciada. Se trata de Maria Sybilla von Merian (Fráncfort, 2 de abril de 1647- Ámsterdam, 13 de enero de 1717). Hija de un grabador suizo, de quien heredó el talento, puso en práctica sus habilidades artísticas al servicio de la ciencia. Dibujó magistralmente especies de plantas e insectos de la región neotropical, al principio a partir de ejemplares traídos a Europa, pero más tarde organizando sus propias expediciones naturalistas a lugares como (lo que hoy es) Surinam. Fruto de ese trabajo, llegó a describir especies nuevas para la ciencia y fue admirada por el propio Linneo. Sentó las bases de la entomología moderna, pues no existía hasta entonces un interés destacado en los insectos, considerados “criaturas endiabladas”. Especialmente importante fue el estudio de la metamorfosis de los lepidópteros, que hasta entonces se creía que surgían del barro por generación espontánea. Fue también la primera ilustradora que representó a plantas y animales juntos, mostrando las relaciones entre ellos y no sólo su morfología, por lo que se la puede considerar precursora de la ecología. Su trabajo tiene pues un doble mérito, científico y artístico, que aún hoy es valorado en ambos mundos. De hecho, sus obras se cotizan al alza en el mercado del arte. Von Merian supo, pues, aunar arte y naturaleza con rigor y sensibilidad. O, como ella misma decía: “El arte y la naturaleza siempre estarán luchando hasta que finalmente se conquisten uno al otro para que la victoria sea el mismo trazo y línea”.



sábado, 17 de noviembre de 2018

Cursos McGyver


Muchos profesionales nos preguntan sobre la formación más adecuada para trabajar en escuelas en la naturaleza como Saltamontes. No resulta una cuestión fácil de contestar. Un acompañante en la naturaleza debe reunir cualidades personales y profesionales complejas y diversas. Debe conocer muy bien el mundo de la infancia, los procesos de desarrollo de los niños, las necesidades de la etapa en la que se encuentran, etc. Igualmente ha de tener sensibilidad, afinidad, respeto a la infancia. Ir mucho más allá del clásico “me gustan los niños”. Es decir, haber completado una formación -desde la vocación- como maestro, pedagogo, psicólogo o afín. Por otro lado, es una persona que debe conocer y, en la medida de lo posible, haber experimentado las pedagogías activas, en las que es fundamental el respeto al niño, la escucha activa, la observación libre de juicios de valor, la comunicación no violenta, la gestión pacífica y no jerarquizada de los conflictos, y todo ello sin caer en errores típicos como sobreanalizar lo que está pasando o la autorregulación temeraria. Para todo ello, hace falta algo más que leer libros o hacer formaciones de fin de semana. Hace falta mucha experiencia y madurez, haber vivido, observado y analizado (a posteriori, eso sí) todo aquello que ha sucedido. En el monte, con los niños, hace falta estar muy atento, muy alerta, y al mismo tiempo transmitir confianza y serenidad. Y en último, pero no menos importante, lugar debe ser una persona apasionada de la naturaleza. Que le guste estar en ella, haga el tiempo que haga; que entienda sus procesos igual que entiende los de los niños. Que sepa cómo moverse, cómo estar, cómo respetarla, agradecer lo que nos da y devolverle lo que de ella tomamos. Ha de tener también ganas de aprender, de indagar, de saber más, pues la naturaleza siempre nos trae sorpresas. Para todo ello es además necesario tener una buena forma física y una limpieza mental que permita acompañar a los niños con la intensidad y entusiasmo que requiere, y hacerlo en un entorno tan complejo como fascinante como es el medio natural.

Si además queremos crear nuestro propio proyecto, la cosa se complica. Necesitaremos un perfil de auténtico McGyver. A todo lo anterior debemos añadir otras habilidades para gestionar el proyecto: Capacidad de comunicación en lenguajes muy diversos, que nos permitan acercarnos a las familias, motivar a nuestro equipo y convencer a la sociedad de lo que hacemos. Rigurosidad en áreas tan diversas como la logística, la contabilidad y la seguridad de los niños. Pero, al mismo tiempo, flexibilidad para adaptarse a las circunstancias cambiantes de la naturaleza y a los intereses variables y variados de los niños. Y energía suficiente para hacer todo esto con una sonrisa genuina en la cara. Abundan ahora los cursos que prometen en pocas horas convertirse en un McGyver así. De cuatro años de carrera de magisterio sales sólo parcialmente preparado para este trabajo. Sin embargo, nos pretenden convencer de que estas formaciones, impartidas en unos pocos fines de semana, nos capacitan para gestionar una escuela en la naturaleza. Con palabras grandilocuentes y polisílabas, nos seducen diciendo que estamos sólo a 100 horas de alcanzar esa meta. Estos cursos pueden estar muy bien para introducirse en algunos aspectos, que variarán en función del enfoque que cada institución organizadora le quiera dar. Pero, dada la rápida proliferación de formatos y entidades que ahora los ofrecen, el alumno ha de ser muy crítico a la hora de entender y aceptar qué bagaje va a obtener de ellos. Indagando en el perfil del profesorado y de la institución que los vende y la experiencia que éstos tienen; estudiando el programa para ver si propone lo que necesita (prácticas, observación in situ, actividades en la naturaleza) y si el enfoque encaja con esa visión de respeto y férrea defensa de la infancia y la naturaleza. Tampoco McGyver se formó en un día ni lo hizo por correspondencia.