jueves, 28 de septiembre de 2017

Transición a Primaria

Esas temidas palabras describen una experiencia por la que muchos hemos tenido que pasar: sufrimos miedo, incertidumbre, nerviosismo, congoja, insomnio…. Hemos hecho lo posible por evitar transmitírselos a nuestros hijos, tarea imposible, dada la sensibilidad innata que tienen a nuestros sentimientos. Tampoco ayuda el entorno, constantemente repitiéndonos “¡Qué mayor, ya va a primero!” o “¡Ya vas al cole de mayores!”. Puede que incluso el protagonista de los hechos estuviera ilusionado, pero parece que los adultos hacemos lo posible por que lo pase igual de mal que nosotros. En fin, que llega el día D y la hora H y puede que haya lagrimillas. O no, porque todo es nuevo y fascinante. Las lagrimillas son más bien nuestras. Pero ahora que ya ha pasado casi un mes desde el inicio del curso escolar, ya estamos en posición de ir valorando la experiencia. Se producen las primeras tutorías, ya hay algo parecido a una rutina, aparecen -no tan tímidamente- los deberes, los niños van ocupando posiciones en el ecosistema social del aula…. Y es cuando nos llega la sorpresa. Ya son muchos los niños que han salido de Saltamontes para incorporarse a un colegio público, estándar, en Primaria, y podemos empezar a detectar patrones comunes. Sus maestros, indefectiblemente, detectan en ellos unas enormes ganas de aprender, una curiosidad inmensa, un asombro genuino por todo lo nuevo. Les gusta trabajar en grupo, muestran empatía y colaboran con los compañeros. Se adaptan con facilidad a personas y situaciones desconocidas. Tienen una destacable fantasía y creatividad, en todas las asignaturas. Son, como decía una maestra en referencia a una en concreto, “niños que brillan”. Y ahí salimos los padres, inflados como pavos reales, de las puertas del colegio por las que, unos meses antes, habíamos entrado con el alma encogida. Que nunca se apague su estrella.

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